domingo 13 de junio de 2010

Alfa y Omega, el Principio y el Fin


Estimados amigos y amigas:

Ésta será la última entrada de este blog. Su propósito siempre ha sido ayudar a todos a comprender mejor la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y a venir a Cristo.

Termino el blog tal como lo empecé: recordándonos el Jesucristo es el corazón y el enfoque central de la Iglesia Mormona. Para los que acaban de descubrir el blog, les invito a leerlo desde su principio: diciembre de 2008. Así podrán ver las creencias de esta iglesia punto por punto, y su estudio tendrá más sentido.

De vez en cuando estaré viendo el blog por si quieren hacerme alguna pregunta o mandarme un comentario. Todos son bien recibidos.

Amo a Jesucristo y sé que mi Redentor vive. Él y su Padre han restaurado la plenitud de su evangelio y de su Iglesia a través de un profeta moderno, José Smith. Esta Iglesia no sólo nos provee la doctrina pura de Cristo, sino que en ella podemos recibir las ordenanzas, como el bautismo, efectuadas por siervos autorizados de Dios. La Iglesia ha sido una fuente de gran gozo en mi vida y en la de mi familia, y gracias a ella me he podido acercar a mi Padre Celestial y al Hijo como nunca me habría podido imaginar.

Estoy convencido que Jesucristo regresará a la tierra algún día. Que Dios nos bendiga a todos con sabiduría, fe, y fidelidad suficientes para estar preparados para recibirle.

domingo 6 de junio de 2010

Reconciliados con Dios

Hace 15 días se mencionó que Jesucristo venció dos muertes al reconciliarnos con nuestro Padre Celestial. Al resucitar, ganó la victoria sobre la muerte física, como explicamos la semana pasada. Ahora todos, buenos y malos, resucitaremos, gracias al Salvador.



Ahora nos toca hablar de la otra muerte, o sea, la muerte espiritual. Ésta es la separación de Dios y del hombre. Sufriremos esta muerte si nuestro gran Juez, Jesucristo, decide que no podemos regresar a la presencia de su Padre en el juicio final.

La caida de Adán y Eva introdujo la muerte espiritual al mundo, ya que conocieron el bien y el mal. Entonces entró el pecado al mundo. Santiago explica esto en la Biblia cuando dice, “El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace.” (Santiago 4:17)

Como todos pecamos (1 Juan 1:8), quedamos manchados e indignos de regresar a la divina presencia. Por eso nuestro Padre escogió a Jesucristo desde antes de la creación de la tierra (1 Pedro 1:19, 20) para pagar nuestros pecados.

Cristo sufrió por estos pecados en el jardín de Getsemaní y en la cruz. Padeció de una manera que usted y yo no podemos comprender, pues tuvo que tomar sobre sí los pecados, aflicciones y enfermedades (Isaías 53) de todos los que han vivido desde la creación hasta los últimos que aún no han nacido.

Pero la muerte espiritual sólo se puede vencer si nos arrepentimos de nuestros pecados. Jesús ya hizo su parte y ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra. Por esto Juan el Revelador dijo que vio “a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante de Dios; ... Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” (Apocalípsis 20:12)

Adoramos a Dios, el Padre, y a su Hijo Unigénito, Jesucristo. Cristo es el Salvador en todo sentido, habiendo vencido las dos muertes. Ahora, por medio de su gracia y su misericordia, extendidas a nosotros con tanto amor, podemos regresar a la presencia de ellos para morar allí por todas las eternidades.

domingo 30 de mayo de 2010

El triunfo de Jesús sobre la muerte física


El ser humano está compuesto de dos elementos básicos: un cuerpo físico y el espíritu que mora dentro del cuerpo. Ese espíritu vivía con Dios antes que esta tierra existiera. Una de las consecuencias del Jardín de Edén es que todos tenemos que morir. En la Iglesia de Jesucristo llamamos esta muerte la muerte física, o sea, la separación del cuerpo y del espíritu. Pero, gracias a la resurrección de Jesús, creemos que esta muerte sólo es un paso más en nuestro viaje de regreso a la presencia de Dios.

La muerte física es inevitable, pero su efecto es temporal, de corto plazo. Cristo declaró, “Yo soy la resurrección...” (Juan 11:25) Les enseñó varias veces que él se levantaría de los muertos al tercer día después de su matirio. Sin embargo, no comprendieron este gran triunfo sobre la muerte hasta que se les apareció después de resucitar.

En Lucas 24 leemos que 10 de los 12 apóstoles estaban reunidos secretamente en Jerusalén. María Magdalena, la primera persona de ver al Cristo resucitado, ya les había declarado que Jesús se le apareció aquel primer domingo muy de mañana, conversando con ella y mandándole que les fuera a decir a los apóstoles. Pero no le creyeron.

Mientras reunidos, Jesucristo se manifestó a ellos. Se asustaron, creyendo que era un espíritu. Mas él les aseguró, diciendo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.” (Lucas 24:39)

Aquí vemos que Jesucristo resucitó con un cuerpo de carne y huesos, ya como un ser inmortal, sin tener que probar la muerte jamás. Hoy día nuestro Salvador posee este mismo cuerpo, glorificado e inmortal. Quebró las ligaduras de la muerte física, no sólo para sí mismo, sino para toda la humanidad.

Gracias a Cristo, cada persona que nace en esta vida también resucitará de los muertos. La resurrección es universal, un don gratuíto del Señor, para todos, buenos y malos. Pablo lo explicó muy claramente cuando dijo, conectando la caída de Adán (la cual introdujo la muerte física al mundo) con la resurrección de Jesús:

“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21, 22)

La tumba de Jesús quedó vacía. La nuestra quedará igual, gracias a nuestro gran Redentor. Concluyo con una escritura en el Libro de Mormón que enseñó un profeta llamado Alma: “El alma (espíritu) será restaurada al cuerpo, y el cuerpo al alma; sí, y todo miembro y coyuntura serán restablecidos a su cuerpo; sí, ni un cabello de la cabeza se perderá, sino que todo será restablecido a su propia y perfecta forma.” (Alma 40:23)

Gracias, Padre Celestial, por mandar a tu Santo Hijo.

domingo 23 de mayo de 2010

¿De qué nos salva Jesús de Nazaret?


Básicamente, nuestro Señor nos salva de 2 cosas, de 2 muertes.

La primera se llama la muerte física. Ésta viene siendo cuando nuestro cuerpo muere. Todos estamos garantizados de experimentar esta muerte. Es parte del plan del Padre.

La otra es la muerte espiritual. Esta condición existe al estar separados de Dios.

Jesucristo, el Hijo de Dios, es nuestro Salvador, nuestro salvavidas, en los dos sentidos. Sin él, no hay triunfo sobre ninguna. En 8 días hablaremos más de la muerte física, cómo Cristo la venció, y cómo afectará nuestro futuro.

domingo 16 de mayo de 2010

Jesucristo organiza su iglesia


Una parte esencial de la misión terrenal del Salvador fue la de organizar su iglesia, el vehículo por el cual se podría predicar su evangelio y administrar las ordenanzas de salvación, como las del bautismo y la recepción del don del Espíritu Santo (véase Hechos 2:37, 38) por la imposición de manos.

Primero, el Señor escogió a los 12 apóstoles y les dio autoridad, o el sacerdocio. (Mateo 10:1-15) Con este sacerdocio los apóstoles quedaron autorizados para predicar y bautizar. Les mandó a todos a una corta misión, en la cual pudieron ejercer esta autoridad y aprender cómo usarla.

También llamó a otros a diferentes oficios dentro del mismo sacerdocio. Pablo nos explica que “él (Jesús) mismo constituyó a unos apóstoles; y a otros, profetas; y a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros;” (Efesios 4:11)

En seguida, Pablo explica el propósito de todos estos oficiales en la Iglesia de Jesucristo. Nos enseña que Cristo organizó a estos hombres “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo; hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:12, 13)

La iglesia que estableció Jesucristo durante su ministerio existía, como dijo Pablo, para fortalecer a sus discípulos (santos), dándoles acceso a las ordenanzas y a las enseñanzas de él. Él sabía que los creyentes podrían crecer mucho mejor organizados de esta forma.

¿No será igual hoy día?

domingo 9 de mayo de 2010

Vivió una vida sin mancha


Sabemos tan poquito de la niñez y juventud de Jesús de Nazaret. Puesto que traía genes divinos, fue de seguro un niño muy especial en sentidos que no entendemos. Tenemos una evidencia de esto, gracias a Lucas, cuando José y María lo encontraron en el templo con los doctores de la ley (de Moisés), escuchándoles, haciéndoles preguntas y dándoles instrucción.

Empezó su ministerio a los 30 años, dándonos a todos el ejemplo a través de bautizarse en el agua. Satanás trató de tumbar su misión, pero el Salvador resistió cada una de sus tentaciones, de nuevo poniéndonos el ejemplo de cómo vivir.

Su vida fue llena de amor, servicio, enseñanza y misercordia. El Gran Pastor vivió sin pecado. Pablo dijo que “...no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (Hebreos 4:15)

El apóstol Pedro también nos enseñó que Jesucristo vivió una vida perfecta: “...Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo...quien no cometió pecado, ni fue hallado engaño en su boca.” (1 Pedro 2:21,22)

La ley de Moisés requería que los corderos sacrificados fueran sin mancha. Así mismo el Cordero de Dios llevó una vida sin mancha, sin pecado, para que su sacrificio se extendiera por toda la humanidad.

A pesar de su perfección, él comprende nuestras imperfecciones. Podemos arrepentirnos y él nos perdonará. Una parte de su perfección es su amor, su paciencia, su guía, y su gran misericordia. Con razón lo amamos tanto.

domingo 2 de mayo de 2010

La vida de Jesús: predicha por los profetas


Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

Después de la resurrección del Salvador, Pedro declaró que Jesús fue “...ordenado desde antes de la fundación del mundo,” (1 Pedro 1:20). Pero muchos profetas sabían de su misión desde mucho antes de su nacimiento en Belén.

Adan: “Éste es el plan de salvación para todos los hombres, mediante la sangre de mi Unigénito, el cual vendrá en el meridiano de los tiempos.” (Moisés 6:62)

Abraham: “Abraham, vuestro padre, se regocijó de que vería mi día; y lo vio y se regocijó.” (Juan 8:65)

Moisés: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis.” (Deuteronómio 18:15)

David: “Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción.” (Salmos 16:10)

Job: “Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo.” (Job 19:25)

Isaías: “¿A quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Porque subirá cual renuevo delante de él y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él ni hermosura; y cuando le veamos, no habrá en él atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores y experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, herido por Dios y afligido. Mas él herido fue por nuestras trangresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados.” (Isaías 53:1-5)

El Rey Benjamín: “Porque he aquí que viene el tiempo, y no está muy distante, en que con poder, el Señor Omnipotente que reina, que era y que es de eternidad en eternidad, descenderá del cielo entre los hijos de los hombres; ...y se llamará Jesucristo, el Hijo de Dios...” (Mosíah 3:5, 8)

No es completa esta lista. La misión de los profetas antes de Cristo siempre fue en parte anunciar la llegada del Hijo de Dios, quien nos salvaría de la muerte. Agrego mi testimonio al de ellos. Yo sé que mi Redentor vive y vendrá otra vez a la tierra como parte del gran plan del Padre. ¡Gloria a Dios en lo alto!

domingo 25 de abril de 2010

Jesús de Nazaret: ¿primogénito o unigénito?


La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días declara que el bebé nació en el pueblito de Belén. Su madre fue María, una virgen pura, un vaso escogido desde antes de la creación del mundo. Su padre fue y es Dios, nuestro Santo Padre Celestial.

En cuanto a la pregunta en el título, la respuesta es sí, y sí. Primero, ¿en qué sentido es Jesucristo el primogenito? La palabra “primogénito” quiere decir el que nació primero. Las escrituras se refieren al Señor como el primogénito en 2 sentidos.

Primero, el apóstol Mateo le llama al bebé recién nacido el primgénito de María. Él indicó que María y su esposo, José, no tuvieron relaciones sexuales hasta después del nacimiento de su primer hijo, Jesús. Hablando de José, Mateo dijo que “...no la conoció hasta que ella dio a luz a su hijo primogénito, y llamó su nombre JESÚS.” (Mateo 1:25)

Aquí Jesucristo es conocido como el primogénito de María, porque fue su primer hijo. Las escrituras hablan de otros hijos, hermanos y hermanas del Salvador.

En otro sentido es el primogénito. Fue el primero en romper las ligaduras de la muerte física, o sea, el primero de resucitar. Y también fue el primero en ser glorificado al lado del Padre. El apóstol Pablo, hablando del Padre y del Hijo dijo, “Porque a los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de su Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos.” (Romanos 8:29)

¿En qué sentido es Jesús el unigénito? El apóstol Juan le llama a Cristo “el Verbo.” En el primer capítulo del Santo Evangelio según San Juan dijo “y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)

Jesús no fue el unigénito de María, porque ella tuvo más hijos. Fue el unigénito del Padre porque su concepción en el vientre de María no fue obra de su padrastro, José. Jesucristo es el Hijo de Dios, el único que el Padre ha engendrado en la carne.

Con razón Jesús tenía poder sobre la muerte. Se sacrificó por su gran amor a su Padre y por todos nosotros. ¿Cómo no vamos a amar a nuestro Salvador?

domingo 18 de abril de 2010

El Mesías Premortal


“Ahora, pues, Padre, glorifícame tú en tu presencia con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.” (Juan 17:5)

Una vez más Jesucristo anunció con poder y claridad que su existencia no comenzó con su nacimiento mortal en Belén, sino que moraba con nuestro Padre Celestial antes que existiera esta tierra.

Era un espíritu, sin el cuerpo de carne y huesos que recibió al venir a la tierra. Cuando vivía con Dios en este mundo premortal, Jesús era conocido como Jehová.

En su vida premortal Jesús fue escogido por el Padre Celestial para ser el Cordero de Dios, él que iba a tomar sobre sí los pecados de la humanidad, él que iba a romper las ligaduras de la muerte física para que todos los hijos de Dios pudiéramos resucitar también.

Algunas escrituras en la Santa Biblia nos ayudan a comprender esta importante verdad de nuestro Señor. En Éxodo 3 leemos que Jehová se aparece a Moisés en la zarza ardiente y le encarga que saque a los israelitas de Egypto, donde han vivido en la esclavitud por 400 años. Moisés le pregunta a Jehová cuál es su nombre, para decírselo a los de la casa de Israel. La respuesta divina es significativa: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE YO SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros.” (Éxodo 3:14) Jehová declara que él es el gran YO SOY.

Siglos después Jesús de Nazarét, el mismo Jehová hecho carne (Juan 1:14), se identificó a los judios por este mismo nombre. El octavo capítulo de Juan es muy profundo. Jesús declara a los judios que él conocía a Abraham y que Abraham vio su día y se regocijó.
Entonces le dijeron: “Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.” (Juan 8:57,58) Ellos reconocieron que Jesús estaba declarando su divinidad con este nombre y tomaron piedras para arrojárselas.

Jesucristo es el gran YO SOY, Jehová, el Dios del Antigüo Testamento.

El apóstol Pedro habla de “la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya ordenado desde la fundación del mundo...” (1 Pedro 1:19,20)

Bien declararon los ángeles a los pastores aquella hermosa noche: “¡Gloria a Dios en las alturas...” Yo sé que Jesús es mucho más que el bebé de Belén. Fue el Mesías desde antes de nacer, escogido por el Padre para rescatarnos.

La siguiente entrada tocará la misión mortal del Salvador. Hasta pronto.

domingo 11 de abril de 2010

La vida de Cristo


Si usted es nuevo al blog, bienvenido. Puesto que el propósito es explicar de creencias básicas de la Iglesia de Jesucristo (Mormona), le invito a empezar su lectura desde la primera entrada, en diciembre del 2008.

Jesucristo es el principio y el fin de nuestra creencia, de nuestra fe, y de nuestra adoración. Debido a esto, vamos a tomar varias semanas para tratar en más detalle quién es este gran personaje. Voy a dividir nuestras pláticas en tres divisiones principales:

1) El Mesías Premortal: ¿existía Jesús antes de nacer de María?


2) El Mesías Mortal: ¿cuál era el propósito de su misión y qué logró?


3) El Mesías Postmortal: ¿qué papel tomará cuando regrese a la tierra?

Cuando hablo del Salvador siempre siento la presencia del Espíritu Santo, testificándome una vez más de su divinidad. Espero que al leer de él durante las siguientes semanas usted pueda sentir también esto mismo. En 8 días empezaremos con #1. Hasta entonces.

domingo 4 de abril de 2010

“No está aquí, sino que ha resucitado”


En estos tiempos modernos algunos dicen que la resurrección no es una realidad, más bien una leyenda cristiana que usan las iglesias para apacigüar a sus miembros.

Querido lector, quiero que usted sepa, sin lugar a duda, que afirmamos con toda claridad que Jesucristo es el hijo unigénito de un Padre Divino. Al tercer día después de su crucificción, su espíritu volvió al cuerpo mortal que yacía en la tumba. Se unieron cuerpo y espíritu, y el Señor llegó a ser inmortal, el primero de triunfar sobre la muerte.

Por mi parte le quiero decir que estoy profundamente agradecido por la resurrección del Salvador. La de él abrió la puerta para la mía y la suya. En las palabras de Job, “Yo sé que mi Redentor vive, y que al fin se levantará sobre el polvo.” (Job 19:25)

La tumba quedó vacía.

miércoles 31 de marzo de 2010

“Por sus frutos los conoceréis”




Queridos lectores,

Este sábado y domingo tendremos una oportunidad magnífica de ver por nosotros mismos a los apóstoles y profetas que el Señor ha puesto en la Iglesia. Cada 6 meses la Iglesia efectúa una conferencia general, en la cual recibimos dirección y guía espiritual para acercarnos más a nuestro Padre Celestial y a su Hijo. Podrán ver la conferencia en su computadora en el siguiente sitio:

http://www.lds.org/move/index.html?type=conference&event=april180&lang=spanish

Las reuniones empiezan a las 10am y a las 2pm, hora de Utah. En México es a las 11 y a las 2. Les invito a ver cuantas sesiones puedan y a preguntarle a Dios si los que nos hablan son mensajeros verdaderos. Siempre gozo las conferencias y espero que experimenten lo mismo.

domingo 14 de marzo de 2010

Las escrituras y la Iglesia Mormona


Para los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, las escrituras forman una parte muy importante en nuestra religión y en nuestro diario vivir.
¿Qué quiere decir la palabra “escrituras?”

Consideramos que son comunicación divina de nuestro Padre Celestial y de su Hijo Jesucristo, dadas a los apóstoles y profetas escogidos de Dios para guiarnos a nosotros, sus hijos. Hablamos de estos profetas hace 8 días.

Hay 2 de nuestros “Artículos de Fe” (son 13) que explican bien lo que quiero decirle hoy: números 8 y 9.

Artículo de Fe 8: Creemos que la Biblia es la palabra de Dios hasta donde esté traducida correctamente; también creemos que el Libro de Mormón es la palabra de Dios.

Artículo de Fe 9: Creemos todo lo que Dios ha revelado, todo lo que actualmente revela, y creemos que aún revelará muchos grandes e importantes asuntos pertenecientes al reino de Dios.

La Santa Biblia y el Libro de Mormón son escrituras antigüas, o sea, escritas hace miles de años. También creemos que Dios vive hoy y no ha terminado su obra con sus hijos. Por tanto, con su Iglesia divina restaurada a la tierra en estos últimos días, sigue guiando a sus hijos a través de profetas modernos. Ellos han escrito algunas de estas instrucciones y están impresas en un libro llamado “Doctrina y Convenios.” Además, en los primeros años de la Iglesia Restaurada, el profeta José Smith tradujo otros textos divinos que han sidos publicados en un libro llamado “La Perla de Gran Precio.” Creemos que todos estos libros son la palabra de Dios para que las leamos, escudriñemos y obedezcamos.

¡Qué bendición es tener acceso a toda esta comunicación del Creador del cielo y de la tierra. Nos precisa estudiar estas escrituras todos los días de nuestra vida. Agradezco mucho lo que he recibido de ellas. Si quiere usted, amigo mío, su propia copia gratuíta de las escrituras, comuníquese con www.mormon.org, y tomarán sus datos y le mandarán sus propias escrituras. Que Dios le bendiga.

domingo 7 de marzo de 2010

Profetas falsos y ????


Hoy quisiera tratar el tema de los profetas: quiénes son y por qué son llamados.

Jesucristo, durante su ministerio, nos advirtió en cuanto a los profetas falsos.
Parece que es de gran importancia el poder discernir entre un profeta falso y un profeta verdadero.

Desde el principio del tiempo, los profetas han tenido un papel muy importante en el plan de salvación. Ellos son los que reciben y comparten los mensajes que Dios desea mandarnos.

Son de tanta importancia de que un profeta, Amós, declaró que “...no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos, los profetas.” (Amós 3:7) Esto quiere decir que Dios los utiliza para llevar a cabo sus propósitos.

También formaron una parte esencial en la iglesia que organizó el Salvador en su ministerio terrenal. Pablo dijo que ”...él (Cristo) mismo constituyó a unos, apóstoles, a otros, profetas, ...” (Efesios 4:11)

No nos debe sorprender, entonces, que el Señor haya llamado a un profeta moderno para llevar a cabo la restauración de la Iglesia de Jesucristo en el siglo XIX. Jesús también dijo que los profetas son conocidos por sus frutos. Yo le invito a examinar muy de cerca los frutos del profeta José Smith: el Libro de Mormón, el establecimiento de la Iglesia (que ahora se compone de más de 13 millones de miembros), los templos, y muchas otras cosas.

La Iglesia hoy día cuenta con la bendición de ser dirigida por un profeta moderno: Thomas S. Monson, cuya foto aparece al principio de esta entrada. Es un apóstol de Jesucristo y posee todas las llaves del sacerdocio necesarias para dirigir la obra del Señor en estos días.

Desde lo más profundo de mi corazón comparto con usted mi convicción de que son profetas verdaderos. Hay muchas voces falsas en estos días, pero también hay voces que con autoridad declaran la voluntad del Señor. Le invito que le pregunte a Dios en oración sincera si él ha puesto apóstoles y profetas modernos. Sé que él contestará sus oraciones.

domingo 28 de febrero de 2010

El mormonismo y las demás iglesias cristianas


Saludos estimado lector,

El propósito de este blog es proveerle información correcta sobre las creencias y las prácticas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y de sus miembros. Gracias por tomar el tiempo de leer.

Desde la venida de Jesucristo a la tierra ha habido division entre sus propios discípulos. Esta falta de unidad ha continuado hasta el día de hoy. Las iglesias que creen en Jesucristo son muchísimas, miles, de seguro.

Tristemente, hay contenciones y sospechas unas con otras. Me he dado cuenta que los que más critican a la Iglesia Mormona por diferentes razones no son principalmente de ateos ni de otros movimientos religiosos, sino de cristianos mismos.

Por esto deseo dedicar una entrada a nuestro punto de vista de las demás iglesias cristianas. Vemos a todos como hijos amados de nuestro Padre Celestial. Él los quiere igual que nos quiere a nosotros. Aunque somos diferentes en nuestra manera de comprender el evangelio de Jesucristo, consideramos que todos somos hermanos cristianos e hijos del mismo Dios.

Como expliqué hace más de un año, la iglesia que organizó Jesucristo sufrió muchos problemas después de su resurrección. Con el martirio de los apóstoles originales se perdieron las llaves del sacerdocio que Cristo les había dado, esta autoridad para dirigir la Iglesia según la voluntad divina. Lo que siguió después fueron muchos siglos de confusión, disensión, luchas y aún más persecusión.

Entre todo esto se crearon muchas iglesias cristianas, esforzándose por andar bien ante Dios según la luz que tenían. En 1830 Dios volvió a organizar la Iglesia de Jesucristo para preparar al mundo para la segunda venida de su Hijo. Ahora esta iglesia se encuentra entre las otras miles de iglesias cristianas.

Como miembros de la Iglesia de Cristo, no criticamos a otras iglesias. No tiene propósito y no es digno de él cuyo nombre profesamos. El hombre que dirigían nuestra iglesia desde 1995 hasta 2008, Gordon B. Hinckley, a quien aceptábamos como profeta de Dios, explicaba nuestra relación con otras iglesias. Decía que respetábamos a todas, pero que invitamos a nuestros hermanos de otras iglesias a escuchar nuestro mensaje de la restauración del evangelio de Jesucristo. Nuestros misioneros enseñan este mensaje sin precio y sin compromiso. No invitan a los que enseñan que abandonen las verdades que ya tienen, sino que les invitamos a retener estas verdades y ver si no podemos agregar otras verdades a las que ya tienen.

Ésta es mi invitación para usted, amigo mío. Este blog empezó en diciembre del 2008, con entradas que explican el origen de la Iglesia. Al estudiarla, le pido que lo haga con corazón abierto, viendo si no podemos agregar unas cuantas verdades a las que ya posee.

domingo 21 de febrero de 2010

La oración: comunicación divina


Hemos explicado que Dios, nuestro Padre Celestial, el Padre de nuestros espíritus, formó y presentó un plan antes de mandar organizar esta tierra para nosotros.

Nos mandaría aquí en cierta época y a cierto lugar según su preconocimiento de todas las cosas, como explicó el apóstol Pablo: “Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos y los límites de la habitación de ellos.” (Hechos 17:26)

Debido a su gran amor, no estaríamos aquí completamente aislados de él. Podemos seguir en comunicación con él a través de un proceso sencillo, pero poderoso: la oración.

No nos debe de sorprender de que Dios pueda escuchar nuestras oraciones y aún contestarlas. Es un ser divino, perfecto, poderoso, y puede controlar todos los elementos de una forma incomprensible para el hombre. No mas piense en los medios de comunicación que tenemos en el mundo en estos tiempos modernos. El hecho de que yo esté aquí, enfrente de mi computadora, y usted esté recibiendo mi mensaje en cualquier parte del mundo, es una cosa no comprendida hace 200 años.

Dios nos escucha. De esto estoy seguro. Contesta nuestras peticiones a su tiempo y a su manera. Recibe con gusto nuestra gratitud cuando se la expresamos. La oración es una realidad en mi vida. Me sostiene y me alimenta.

Vamos a ver la doctrina esencial de la oración:

¿QUÉ ES?
Es una plática sincera con Dios.

¿A QUIÉN ORAMOS?
Oramos al Padre en el nombre del Hijo. Cristo nos enseñó este importante orden: “De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará.” (Juan 16:23)

¿POR QUÉ ORAMOS?
Porque nos sentimos tan agradecidos por las bendiciones que nos ha dado. También porque queremos pedirle ayuda, protección, fuerza contra las tentaciones del mundo, perdón por nuestros pecados, la guía del Espíritu, y bendiciones para otros.

¿CUÁNDO DEBEMOS ORAR?
Podemos orar cuando sintamos el deseo o la necesidad. Cuando menos debemos dirigirnos a Dios cada mañana al levantarnos y cada noche antes de acostarnos, sea en voz alta o baja. En lo personal gozo más la oración cuando la hago en voz alta. Me siento más cerca de mi Padre.

Concluyo con una invitación personal. Me imagino que si usted está leyendo mi blog, es porque cree en Dios o desea creer en él. A lo mejor la oración ya es una parte íntegra de su vida, o tal vez no. Le invito a orar y preguntarle al Padre si el contenido de mi blog es su palabra, su doctrina, su verdad, o no; si Dios ha restaurado su iglesia original a través de un profeta moderno, José Smith. Le prometo que si lo hace con sinceridad, Dios le contestará en su corazón y en su mente. Ésta es su promesa, y he recibido mi propia respuesta hace 43 años. Que nuestro Dios le conceda a usted esta misma bendición.

domingo 7 de febrero de 2010

El don del Espíritu Santo


El Espíritu Santo tiene una misión de importancia enorme aquí entre los hijos de Dios. Como mencioné hace 8 días, enseña, guía, y testifica. Todos los hijos de Dios tenemos acceso a estas impresiones cuando nuestro Padre desea guiarnos hacia la verdad.

Pero tenemos una promesa hermosa, un recurso, aún la promesa de recibir el compañerismo constante del Espíritu Santo. Las escrituras llaman esta promesa “el don del Espíritu Santo.”

El don del Espíritu Santo viene de Dios, y consiste en gozar de la dirección, guía y testimonio diarios de este miembro de la Trinidad. Se recibe por la imposición de manos de los que poseen el sacerdocio, o sea, la autoridad para actuar por Dios. Después de ejercer la fe en Jesucristo y arrepentirnos de nuestros pecados, podemos ser bautizados por inmersión para la remisión de estos pecados. La siguiente ordenanza es la confirmación, la cual incluye la recepción del don del Espíritu Santo.

Esto es lo que vemos cuando Pedro predicó a muchas personas en Jerusalén después de la resurrección del Salvador. Ejerciendo fe y con un espíritu de arrepentimiento, le preguntaron al apóstol: “Varones hermanos, ¿qué haremos?” la respuesta de Pedro nos ilumina mucho.

“Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.” (Hechos 2:37, 38)

El profeta José Smith nos dio esta instrucción: “Existe una diferencia entre el Espíritu Santo y el don del Espíritu Santo. Cornelio (en Hechos 10) recibió el Espíritu Santo antes de bautizarse, que para él fue el poder convincente de Dios de la veracidad del evangelio; mas no podía recibir el don del Espíritu Santo sino hasta después de ser bautizado. De no haber tomado sobre sí esta señal u ordenanza, el Espirítu Santo que lo convenció de la verdad de Dios se habría apartado de él.” (Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 240)

Espero que esta diferencia quede clara. Yo sentí las impresiones del Espíritu antes de bautizarme, pero después de recibir el don del Espíritu Santo, todo cambió. Este Espíritu ha enriquecido mi vida tantas veces y de tantas formas que puedo testificar de todo corazón que sé que Dios vive, que Jesús es el Salvador, y que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días contiene la plenitud del evangelio. Dios, a través del Espíritu Santo, me ha enseñado, guiado y testificado, y le invito con mucho amor que considere mi invitación de recibir lo mismo.

domingo 31 de enero de 2010

El Espíritu Santo

Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

Hoy hablaremos del tercer miembro de la trinidad. Esta trinidad está compuesta de Dios el Padre, Jesucristo, y el Espíritu Santo. Son 3 personajes distintos, con una sola misión.
El Espíritu Santo no tiene un cuerpo de carne y huesos, como el Padre y el Hijo lo tienen, sino que es un personaje de espíritu. Así puede él morar en nosotros para guiar, enseñar, y testificar.

Es importante que entendamos cuál es el papel especial del Espíritu Santo. Las escrituras y los profetas nos han revelado varias maneras en las que el Espíritu nos bendice. Afirman que él es:

1) el Consolador: nos da perspectiva y fuerza en los momentos difíciles (Juan 14:26)
2) el Guía: nos da impresiones, las cuales nos ayudan como un compás le ayuda al viajero. Nos puede guiar en nuestras responsabilidades, y aún en la predicación del evangelio. “...no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis,...porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.” (Marcos 13:11)
3) el Maestro, Revelador y Atestigüador: Jesús dijo que el Espíritu Santo enseñaba todas las cosas (Juan 14:26); Pablo explicó que “nadie puede afirmar que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo.” (1 Corintios 12:3); Nefi enseñó que “habéis recibido el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo,” (2 Nefi 31:18)

El hecho de que el Padre da el Espíritu Santo a sus hijos es una evidencia más de que él nos ama. No nos ha mandado aquí a la tierra para navegar solos. ¡Cuán grande es Dios!

En la siguiente entrada contestaremos esta pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre el Espíritu Santo y el don del Espíritu Santo? (Hechos 2:38)

domingo 24 de enero de 2010

Mi caja de herramientas


Hace 8 días hablamos de la manera de vencer la muerte espiritual. Se explicó que Jesucristo hizo su parte al padecer por nuestros pecados, y que nosotros tenemos que hacer la nuestra. En una ocasión Jesús, a través de la parábola del sembrador (Mateo 11), enseñó que nosotros, como semilla buena, debemos dar fruto. Debemos perseverar hasta el fin de nuestras vidas. Pero en este mundo, con tantas distracciones y tentaciones, no es fácil.

Nuestro Padre Celestial nos ha mandado aquí a la tierra con herramientas, con recursos para poder aguantar el viaje mortal, para crecer en luz y conocimiento, y para vencer las tentaciones del adversario. Quiero elaborar 3 de estas herramientas:

1) la oración: este gran hábito nos conecta con los cielos. Por medio de ella nuestra relación con Dios puede llegar a ser algo poderoso. Tal y como la comida, la oración debe formar una parte diaria de nuestra vida.
2) las escrituras: Dios ha proveído con nuestra mortalidad un manual de instrucciones. Palabras inspiradas de sus profetas y apóstoles nos ayudan muchísimo para ser guiados y para caminar todos los días con fuerza espiritual.
3) el don del Espíritu Santo: Este don se recibe por la imposición de las manos después de recibir la ordenanza del bautismo. Por esto Jesús puso el bautismo como mandamiento, no como sugerencia (Marcos 16:16). Él sabía que necesitaríamos nacer tanto del agua como del Espíritu. Después de recibir el Espíritu Santo, contamos con él como guía y como testigo. Gracias a las impresiones y revelaciones del Espíritu Santo nos mantenemos fuertes, nuestra fe en Jesucristo aumenta y llegamos a saber por nosotros mismos que estamos en la senda que nos lleva a nuestro Santo Padre.

No estamos solos. Nuestro Dios nos ha enviado aquí con las armas necesarias para triunfar, para vivir con él de nuevo eternamente. Nos ha proveído un Salvador. Jesús es ese Salvador. Vive hoy en los cielos a la diestra de su Padre. Yo testifico que ellos viven. La oración, las escrituras, y el Espíritu Santo me han dado este conocimiento.

Le invito, querido amigo, a investigar estas cosas por sí mismo. Esta investigación empieza mejor de rodillas.

domingo 17 de enero de 2010

¿Cuál es mi parte?


Jesucristo, el Hijo de Dios, padeció por nuestros pecados. Fue una parte esencial del plan de nuestro Padre. Dios comprendía que en esta prueba mortal pecaríamos. Esto quiere decir que quedaríamos descalificados de regresar a la presencia del Padre, porque “el reino de Dios no es inmundo, y ninguna cosa impura puede entrar en el reino de Dios;”
(I Nefi 15:34, Libro de Mormón)

Por esta razón nuestro Padre Celestial escogió a su amado hijo premortal, Jehová, para ser el Salvador, el Rescatador, el Redentor de todos los que creen en él y se esfuerzan por guardar sus mandamientos.

Hemos hablado de 2 muertes, la muerte física y la muerte espiritual. Cristo triunfó sobre la muerte física a través de su resurrección. Gracias a él, todos resucitaremos.

Pero el triunfo sobre la muerte espiritual es diferente. Jesucristo ya hizo su parte para que nuestros pecados sean perdonados al sufrir por ellos en el Jardín de Getsemaní y en la cruz. Ahora para recibir este perdón, esta lavada espiritual, tenemos que hacer nuestra parte.

¿Cuál es? Comparto las siguientes escrituras para comprender la respuesta tan importante.

“El que crea en mí y sea bautizado será salvo;” (Marcos 16:16)
“Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.” (Marcos 2:5)
“...porque esto es mi sangre del nuevo convenio, que por muchos (no por todos) es derramada para remisión de los pecados.” (Mateo 26:28)
“...el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” (Mateo 10:22)
“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Juan 14:15)
“...sabemos que es por la gracia de Dios que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos;” (2 Nefi 25:23)

Nuestra parte es ejercer fe en el Señor Jesucristo, arrepentirnos de los pecados, bautizarnos por inmersión por alguien que tenga la autoridad, recibir el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, y perseverar hasta el fin.

Cuando Jesús visitó el continente americano, después de su resurrección, instruyó al pueblo. Entre otras cosas, contestó la pregunta de hoy, ¿Cuál es mi parte? Escuche, amigo, lo que dijo:

“Y nada impuro puede entrar en su reino; por tanto, nada entra en su reposo, sino aquellos que han lavado sus vestidos en mi sangre, mediante su fe y el arrepentimiento de todos sus pecados y su fidelidad hasta el fin. Y éste es el mandamiento: Arrepentíos, todos vosotros, extremos de la tierra, y venid a mí y sed bautizados en mi nombre, para que seáis santificados por la recepción del Espíritu Santo, a fin de que en el postrer día os presentéis ante mí sin mancha.”
(3 Nefi 27:19, 20)

No es una jornada fácil, pero Dios nos ayuda, nos da recursos. En la siguiente entrada hablaremos de algunos de estos recursos.

domingo 10 de enero de 2010

Pero, antes de proceder...


Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

Le dije el domingo pasado que iba a hablar sobre la parte que nos corresponde para vencer la muerte espiritual, pero esta mañana siento otra impresión. Le pido disculpas, pero para la próxima trataremos este importante asunto.

Con las gotas de sangre derramadas en el jardín de Getsemaní, con los golpes de los líderes de los judíos, con los terribles azotes de los soldados romanos, y con los padecimientos tan feos de la cruz cruel Jesús de Nazaret pagó el precio de los pecados y de las transgresiones de todos los hombres y mujeres desde nuestros primeros padres hasta el último humano que nazca. ¡Con razón le amamos tanto!

Pero no sólo sufrió por nuestros pecados. Unos siete siglos antes de nacer el Salvador, el profeta Isaías profetizó lo siguiente: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros lo tuvimos por azotado, herido por Dios y afligido.”
Isaías 53:4

Aquí el Profeta nos enseña que el Mesías llevaría nuestras enfermedades y nuestros dolores. Esto puede iluminar grandemente nuestra comprensión de la misión de Jesucristo. Él puede comprender nuestras pruebas, tanto físicas como emocionales, de una manera perfecta porque ya las sintió, ya las cargó. Por eso nos ama tanto, como la madre que tanto ama a su hijo por los dolores de parto, sólo que Jesús tomó sobre sí un peso incomprensible a nosotros. Por esta razón su amor sobrepasa todas las cosas.

En el Libro de Mormón leemos las palabras de un profeta llamado Alma, refiriéndose a lo que estamos tratando hoy. Hablando de María, la madre de Jesús, Alma dice: “...y concebirá por el poder del Espíritu Santo, dará a luz un hijo, sí, aun el Hijo de Dios. Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo... a fin de quesegún la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo, de acuerdo con las enfermedades de ellos.” Alma 7:11, 12

Querido amigo, no sólo hallamos perdón en Jesucristo por nuestros pecados, sino que él nos puede dar consuelo y fuerza al enfrentar nuestras pruebras en esta vida. No podemos experimentar dolor que él no haya sentido ya, así que podemos aceptar literalmente su invitación cuando dijo: “Venid a mí, todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros... y hallaréis descanso a vuestras almas.”
Mateo 11:28, 29

“La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da.” Juan 14:27

Sigo luchando en esta vida mía para aceptar esta invitación y recibir más completamente esta paz. Pero sé que Jesucristo vive y esta paz que tengo en mi vida me hace tan feliz. Ruego que usted también la pueda sentir.

domingo 3 de enero de 2010

El triunfo de Jesucristo sobre la muerte espiritual


Hace 8 días hablamos de la victoria sobre la muerte física, vencida por Jesucristo cuando resucitó de los muertos al tercer día. Ahora todos, buenos y malos, resucitaremos también, gracias al Salvador.

Ahora nos toca hablar de la otra muerte, o sea, la muerte espiritual. Ésta es la separación de Dios y del hombre. Sufriremos esta muerte si nuestro gran Juez, Jesucristo, decide que no podemos regresar a la presencia de su Padre en el juicio final.

La caida de Adán y Eva introdujo la muerte espiritual al mundo, ya que conocieron el bien y el mal. Entonces entró el pecado al mundo. Santiago explica esto en la Biblia cuando dice, “El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace.” (Santiago 4:17)

Como todos pecamos (1 Juan 1:8), quedamos manchados e indignos de regresar a la divina presencia. Por eso nuestro Padre escogió a Jesucristo desde antes de la creación de la tierra (1 Pedro 1:19, 20) para pagar nuestros pecados.

Cristo sufrió por estos pecados en el jardín de Getsemaní y en la cruz. Padeció de una manera que usted y yo no podemos comprender, pues tuvo que tomar sobre sí los pecados, aflicciones y enfermedades (Isaías 53) de todos los que han vivido desde la creación hasta los últimos que aún no han nacido.

Pero la muerte espiritual sólo se puede vencer si nos arrepentimos de nuestros pecados. Jesús ya hizo su parte y ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra. Por esto Juan el Revelador dijo que vio “a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante de Dios; ... Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” (Apocalípsis 20:12)

La semana próxima hablaremos de cómo podemos hacer nuestra parte. Mientras tanto, tal vez debemos reflexionar cuán agradecidos estamos con nuestro Señor Jesucristo por su resurrección y por sus padecimientos por nuestros pecados. Le invito en sus oraciones a darle las gracias a nuestro Padre Celestial todos los días por el hermoso don de su Hijo.

domingo 27 de diciembre de 2009

Jesucristo vence la muerte física


El ser humano está compuesto de dos elementos básicos: un cuerpo físico y el espíritu que mora dentro del cuerpo. Ese espíritu vivía con Dios antes que esta tierra existiera. Una de las consecuencias del Jardín de Edén es que todos tenemos que morir. En la Iglesia de Jesucristo llamamos esta muerte la muerte física, o sea, la separación del cuerpo y del espíritu. Pero, gracias a la resurrección de Jesús, creemos que esta muerte sólo es un paso más en nuestro viaje de regreso a la presencia de Dios.

La muerte física es inevitable, pero su efecto es temporal, de corto plazo. Cristo declaró, “Yo soy la resurrección...” (Juan 11:25) Les enseñó varias veces que él se levantaría de los muertos al tercer día después de su matirio. Sin embargo, no comprendieron este gran triunfo sobre la muerte hasta que se les apareció después de resucitar.

En Lucas 24 leemos que 10 de los 12 apóstoles estaban reunidos secretamente en Jerusalén. María Magdalena, la primera persona de ver al Cristo resucitado, ya les había declarado que Jesús se le apareció aquel primer domingo muy de mañana, conversando con ella y mandándole que les fuera a decir a los apóstoles. Pero no le creyeron.

Mientras reunidos, Jesucristo se manifestó a ellos. Se asustaron, creyendo que era un espíritu. Mas él les aseguró, diciendo: “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo.” (Lucas 24:39)

Aquí vemos que Jesucristo resucitó con un cuerpo de carne y huesos, ya como un ser inmortal, sin tener que probar la muerte jamás. Hoy día nuestro Salvador posee este mismo cuerpo, glorificado e inmortal. Quebró las ligaduras de la muerte física, no sólo para sí mismo, sino para toda la humanidad.

Gracias a Cristo, cada persona que nace en esta vida también resucitará de los muertos. La resurrección es universal, un don gratuíto del Señor, para todos, buenos y malos. Pablo lo explicó muy claramente cuando dijo, conectando la caída de Adán (la cual introdujo la muerte física al mundo) con la resurrección de Jesús:

“Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados.” (1 Corintios 15:21, 22)

La tumba de Jesús quedó vacía. La nuestra quedará igual, gracias a nuestro gran Redentor. Concluyo con una escritura en el Libro de Mormón que enseñó un profeta llamado Alma: “El alma (espíritu) será restaurada al cuerpo, y el cuerpo al alma; sí, y todo miembro y coyuntura serán restablecidos a su cuerpo; sí, ni un cabello de la cabeza se perderá, sino que todo será restablecido a su propia y perfecta forma.” (Alma 40:23)

Gracias, Padre Celestial, por mandar a tu Santo Hijo.

sábado 19 de diciembre de 2009

El Rescatador


Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

En las últimas dos entradas hablamos de 2 de las 3 grandes verdades fundamentales:
1) La creación
2) La “caída de Adán y Eva

Hoy toca hablar de la más importante de todas: la misión del Salvador Jesucristo.

El jueves y el viernes celebramos y recordamos la venida al mundo del Ser más importante que ha nacido. La creación nos ayuda a ver que vivíamos antes, como hijos espirituales, con Dios, y que él quiso mandarnos a una tierra para recibir un cuerpo de carne y huesos, como él tenía, y para ver si guardaríamos sus mandamientos.

La caída nos ayuda a comprender que, gracias a nuestros primeros padres mortales, el hombre llegó a ser mortal, o sea, sujeto a la muerte, y propuesto a desobedecer, descalificándonos para regresar a la presencia de nuestro Padre Celestial. Por tanto, nos quedamos en un hoyo, del cual era imposible salir sin ayuda.

Dios mandó esta ayuda en forma de su Hijo Unigénito (Juan 3:16). Llegó bajo circunstancias humildes, sin los honores de un príncipe real, a pesar de ser el “Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6) y el “Autor de la vida.” (Hechos 3:15) Pero sí es nuestro gran Rey y Mesías, y comparto con usted mi plena convicción de que él vive, nos ama, y sus brazos quedan extendidos para recibirnos si queremos.

Querido amigo, le deseo una hermosa navidad y un año lleno de las bendiciones de nuestro Dios. El domingo próximo veremos cómo pudo Jesús de Nazaret triumfar sobre la primera de las 2 muertes heredadas de Adán, la muerte física. ¡Feliz Navidad!

domingo 13 de diciembre de 2009

La caída de Adán y Eva


Hace 8 días hablé de las 3 grandes doctrinas que aclaran nuestra existencia y hablamos de la primera, la creación.

Hoy tocaremos la segunda, la caída de Adán y Eva. Si logramos comprender las condiciones que resultaron después de su expulsión, entonces la necesidad de un mesías, de un salvador, se manifiesta.

De los profetas y apóstoles antigüos y modernos aprendemos varias condiciones que existían antes y después de la caída:

ANTES
-no había enfermedades, ni muerte
-eran visitados de cuando en cuando por Dios
-no tenían hijos
-estaban en un estado de inocencia
1) limitada su comprensión
2) no eran responsables ante Dios

DESPUÉS
-entraron al mundo las enfermedades y la muerte
-quedaron fuera de la presencia de Dios
-ya pudieron tener hijos
-estaban en un estado de conocimiento
1) comprensión aumentada
2) ya responsables ante Dios

Ya que quedaron separados de la presencia de Dios, tanto física como espirtualmente, todo cambió. Sus cuerpos estaban sujetos a la muerte física. Después de morir su espíritu sería separado de su cuerpo ya para siempre.

Separados de la presencia de Dios y puestos en la tierra, en un mundo lleno de pruebas y decisiones, quedaron sujetos a las tentaciones de Satanás, quien había sido expulsado de la presencia del Padre desde antes de la creación por su rebelión y su rechazo del plan del Padre. Esa separación del hombre de Dios la llamamos la muerte espiritual.

Al pecar en esta vida (y todos pecamos) nos hacemos indignos de regresar con nuestro Padre Celestial. Sólo con un salvador que pagara nuestros pecados podríamos ser perdonados y quedar limpios de las manchas de esta vida.

Sólo con un salvador podríamos triumfar sobre la muerte física, resucitando con cuerpos inmortales para no morir jamás.

Hablaremos de este salvador en 8 días. Que tenga una buena semana.
A mi amigo que me preguntó cómo leer el Libro de Mormón en el internet por Word, ahí le mando el domicilio:
http://scriptures.lds.org/es/bm/contents
Si no le da resultado, dígame, por favor. También puede pedir una copia personal que la Iglesia le mandará gratis a su casa:
http://www.mormon.org/freeoffers/1,17785,2071-3-1,00.html?src=tv

domingo 6 de diciembre de 2009

La creación


Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

Hay 3 grandes doctrinas que son esenciales para que comprendamos nuestra existencia y nuestro propósito aquí en la tierra:

1) La creación
2) La “caída” de Adán y Eva
3) La expiación de Jesucristo

Hoy trataremos brevemente la primera. Nuestro Padre Celestial no nos ha revelado cada detalle en cuanto a la creación, pero sí los profetas nos han abierto algunas puertas. Primero, Jesucristo, conocido como Jehová antes de nacer en la carne, creó esta tierra bajo la dirección del Padre. Las escrituras lo indican claramente:

“En el principio era el Verbo(Jesús)... Todas las cosas por medio de él fueron creadas, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho... Y el Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros...” Juan 1: 1, 3, 14

“Él(Cristo) es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque por él fueron creadas todas las cosas...” Colosenses 1:15, 16

“Dios...en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien, asimismo, hizo el universo.” Hebreos:1:1, 2

Parece que trabajaron en conjunto hasta cierto punto, porque leemos en Génesis 1 que Dios dijo, “Hagamos al hombre a nuestra imagen...” O sea, Dios habló con forma plural, no trabajó solo.

Lo que más importa es el porqué. Ellos nos crearon esta tierra como un lugar de probación para ver si guardaríamos sus mandamientos. En el Libro de Abraham, escritura que sacó a luz el profeta José Smith, leemos de un gran concilio premortal en el cual Dios explicó el propósito de nuestra futura vida mortal:

“Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar; y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;” Abraham 3:24, 25

Fuimos mandados aquí a la tierra. Vinimos de la presencia de Dios. Se creó esta tierra como un lugar en el cual podríamos heredar estos cuerpos físicos que tenemos y para ser probados. Él desea que guardemos sus mandamientos y que hagamos su voluntad. Y nos ha prometido que si hacemos estas cosas heredaremos un lugar a su lado por todas las eternidades. Nuestro Dios es tan generoso, tan lleno de amor, y tan perfecto en su plan que podemos poner nuestra confianza completa en él. Sé que no nos fallará.

La semana próxima hablaremos del papel de nuestros primeros padres en todo esto.

domingo 29 de noviembre de 2009

Jesús y el plan de salvación


La semana pasada se mencionó que Jesucristo fue escogido para ser nuestro salvador antes que la tierra exisitiera, y que nuestro Padre Celestial propuso un plan de prueba y de rescate para que todos pudiéramos regresar a su presencia.

Los apóstoles y profetas, tanto antigüos como modernos, nos han revelado algunos detalles importantes de este plan. Quisiera exponer algunos:

1) Dios nos mandaría aquí a la tierra y nuestros espíritus morarían en un cuerpo físico.
2) A través de nuestros cuerpos conoceríamos las enfermedades, otras pruebas físicas, y al fin la muerte. Nuestro espíritu entonces se separaría del cuerpo.
3) Quedaríamos libres de escoger el bien o el mal aquí.
4) Las decisiones malas nos apartarían de nuestro Padre Celestial.
5) Necesitaríamos a un salvador para pagar nuestros pecados.
6) Este salvador también padecería la muerte físcia, pero triumfaría sobre ella, por medio de su resurrección. Abriría la puerta para que todos resucitáramos.
7) Si seguíamos el evangelio del salvador aquí en nuestra vida mortal regresaríamos a la presencia del Padre.

Cuando Jesucristo fue seleccionado por el Padre para ser el salvador, los que hemos nacido en esta tierra aceptamos este divino plan. Ahora nos toca cumplir con el.

Sé que el plan de salvación es un gran de gran misericordia y amor, evidencia clara de que somos hijos muy amados de nuestro Gran Creador.

domingo 22 de noviembre de 2009

Jesucristo, nuestro Salvador y Redentor


Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

La semana pasada hablamos del plan que propuso nuestro Padre Celestial, un plan que nos permitiría venir a esta tierra para recibir un cuerpo físico y para ser probados. En esa existencia espiritual vivíamos juntos con cuerpos espirituales, hijos e hijas de nuestro Padre. Uno de los hijos del Padre era el primogénito, el Amado, nuestro Señor Jesucristo. Como dijo Juan, “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios...y el Verbo fue hecho carne.” (Juan 1:1,14)

Varias veces Jesús enseñó a los judíos que había venido de la presencia del Padre. Una escritura del Libro de Abraham, escritura que salió a luz en el siglo 19, explica lo que sucedió en una reunión que organizó el Padre para presentarnos su plan y escoger a un salvador, alguien para ir a pagar los pecados de todos los que ejercieran fe en él y se arrepintieran de sus pecados. Fíjese lo que sucedió en ese gran concilio preterrenal:

“Y el Señor me había mostrado a mí, Abraham, las inteligencias (los espíritus) que fueron organizadas antes que existiera el mundo...y dijo a los que se hallaban con él:
Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos de estos materiales y haremos una tierra sobre la cual éstos puedan morar; y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;

Y el Señor dijo: ¿A quién enviaré? Y respondió uno semejante al Hijo del Hombre: Heme aquí; envíame.”

Abraham 3:22,24,27


Jesucristo fue escogido por el Padre para ser el Salvador, el Redentor de toda la humanidad. De seguro nos regocijamos al ver a nuestro hermano mayor recibir esta asignación grande y terrible. Estaba dispuesto de sufrir por nosotros. En ese entonces como cuando nacería en la carne, su objeto, su misión era la de hacer la voluntad de su Padre.

El apóstol Pedro nos enseñó que “habéis sido rescatados...con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya ordenado desde antes de la fundación del mundo...” (1 Pedro 1:18-20)

Yo sé que Jesucristo vive. Existía antes de esta tierra, vivió aquí en la tierra para rescatarnos de la muerte, y vendrá un día para recoger a los suyos. Le amo de todo corazón.

domingo 15 de noviembre de 2009

Nuestra familia celestial


Pertenecemos todos a la familia de Dios, nuestro Padre Celestial. En la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, esta verdad tiene un significado muy profundo.

Toda persona está compuesta de 2 partes básicas: un cuerpo físico y un espíritu, o cuerpo espiritual. Nuestros padres aquí en la tierra hicieron el cuerpo físico. Esto lo entendemos muy fácil, pero el espíritu y su origen son otra cosa.

El apóstol Pablo declaró que debemos obedecer “al Padre de los espíritus.” (Hebreos 12:9). Creemos esto literalmente. En otras palabras, nuestro Padre Celestial es el padre de nuestro cuerpo espiritual.

Creemos que Dios creó nuestros espíritus antes de crear la tierra. El Señor, refiriéndose a la creación terrenal, le preguntó a Job, “¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? cuando se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38:4, 7)

Nuestro Padre Celestial no estaba solo cuando hizo esta tierra. Con razón leemos que Dios dijo, “Hagamos al hombre...” (Génesis 1:26) Creemos que vivíamos con él antes de crearse la tierra en forma de espíritus, con personalidades, vidas distintas, y con la libertad de escoger entre el bien y el mal.

Todos los hombres, mujeres y niños formamos la familia de Dios. Él nos ama y desea que regresemos a su presencia. Ha formado un plan que nos permitirá regresar en gloria si lo seguimos. ¡Qué grande, qué bondadoso es nuestro Dios!

miércoles 11 de noviembre de 2009

respuesta

Estimado amigo,

Yo entiendo sus dudas y preocupaciones con algunas cosas. Con una historia de casi 200 años siempre habrá cosas que son difíciles de comprender o de aceptar, sobre todo porque vivimos en otra época o no conocemos todos los detalles.

Lo único que le diría es tratar de seguir la instrucción que dio el Salvador cuando nos dijo que fuéramos como niños. Con un corazón asi (y no es fácil en este mundo tan duro) nos preparamos muy bien para poder escuchar esa voz del Espíritu Santo que nos quiere guiar y revelar las respuestas a las dudas de más importancia.

Sé que nuestro Padre desea darle a usted este conocimiento y fe de que él mismo ha restaurado la plenitud del evangelio de su Hijo a través de un profeta. José, como todos los profetas, no era perfecto, pero sí un gran instrumento en las manos del Señor. Que Dios le bendiga.

P.D. Si desea más detalles en cuanto a sus preguntas, puede dejarme su correo y le respondo con mucho gusto. El propósito del blog es otro. Gracias por comprender.

domingo 8 de noviembre de 2009

Dios, nuestro Padre Celestial

Estimado lector,

En los siguientes meses deseo tratar las creencias básicas, o sea, la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si usted acaba de encontrar este blog, le aconsejo que lo empiece a ver desde la primera entrada, en diciembre del 2008, porque desde allí he comenzado con la historia de esta iglesia. Bienvenido.

Para iniciar esta explicación doctrinal, quisiera mencionar que muy pocas personas fuera del “mormonismo” tienen un concepto correcto de nuestras creencias. Por eso le felicito por tomar el tiempo de obtener una comprensión exacta de estas cosas.

Dios, nuestro Padre que está en los cielos, es nuestro enfoque hoy. Él es tan perfecto, tan profundo y tan infinito que es imposible tener una comprensión perfecta de él. Pero Jesucristo explicó que sí podemos llegar a conocerlo en esta vida, y saber obtener ese conocimiento es fundamental. Dijo, “Y ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:3)

Voy a citar 3 escrituras que nos ayudan a saber cómo es, quién es, y cómo llegamos a conocerlo.

1) Genesis 1:26, 27 “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; … Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”
2) Moisés 1:39 “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.”
3) Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Aprendemos grandes verdades de estas escrituras. En la creación Dios confirmó que nos hizo a su imagen, a su semejanza. Dios es un ser. Con razón Jesús le llamaba “Padre” tantas veces durante su ministerio terrenal. Creemos que tiene un cuerpo de carne y huesos, como el del hombre, sólo que este cuerpo es perfecto, inmortal y glorificado, lleno de luz.

El objetivo de nuestro Padre es traernos de nuevo a su presencia, también inmortales y glorificados. Todas sus leyes y mandamientos tienen como fin este objetivo. ¡Cuán sabios seremos si llegamos a amar la obediencia a estas leyes!

Dios es amor. Y la manifestación más hermosa es ese amor consiste en el hecho de que mandó a su Hijo Amado, Jesucristo, para redimirnos de la muerte física y de la muerte espiritual. Podremos regresar a la presencia del Padre si recibimos al Hijo.
Y llegamos a conocer al Padre al seguir los mandamientos que los dos nos han dado.

Yo sé que nuestro Padre Celestial vive. Él nos ama, somos sus hijos, y su misión es traernos de nuevo a su presencia, sin obligarnos. Gracias a la misión de su Hijo, la puerta quedó abierta.

lunes 2 de noviembre de 2009

¿Cómo puedo estar seguro?


Muchas veces, amigo mio, no tomamos decisiones que nos beneficiarían por miedo: miedo de equivocarnos, miedo de no cumplir, miedo de empezar algo que no podamos terminar.

Desde los días de Jesucristo y la invitación de Juan el Bautista de arrepentirnos y bautizarnos, este miedo ha sido una barrera para muchas personas. Afortunadamente, nuestro Padre Celestial nos ha dado la manera de poder tomar estos pasos con confianza y paz.

La formula fue dada por Jesucristo mismo cuando dijo: “El que quiera hacer la voluntad del Padre conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta.”
(Juan 7:17)

Veo dos sentidos importantes aquí. Primero, tenemos que actuar. Por ejemplo, si yo quiero saber si la ley de castidad (ser sexualmente limpio) es de Dios, debo cumplirla. Al estarla cumpliendo, Dios me ayudará a sentir si ésta es su voluntad.

El segundo sentido es éste: “el que quiera hacer” dijo Jesús. Mucho tiene que ver con el corazón. No es suficiente cumplir con todo para conocer la verdad, sino que debe uno tener la intención, o sea, estar dispuesto de obedecer al recibir una respuesta de Dios.

Moroni, el ultimo profeta del Libro de Mormón, nos aconseja que oremos. Lógico. La oración siempre ha sido una fuente ponderosa para que Dios nos guíe. Pero fíjese la forma de orar que nos explica este profeta: “Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios, el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu
Santo;” (Moroni 10:4)

Y aún con todo esto, orando con fe y verdadera intención y tratando de guardar los mandamientos, no tendremos un conocimiento perfecto de las cosas. Tendremos que ejercer fe en lo que hemos sentido, y la guía que Dios nos ha dado. Esa seguridad vendrá después, sí, después de ser probada nuestra fe, nuestra fidelidad. Dios cumple. Lo ha hecho conmigo y lo hará con usted.

Querido lector, no tenga miedo de tomar estos pasos. Al bajar nuestra resistencia, Dios efectúa un cambio en nuestro corazón y en nuestra vida. Los frutos son preciosos y brotarán para vida eterna.

domingo 25 de octubre de 2009

¿Qué tal si peco después de bautizarme?



Si hoy es su primera visita al blog, me da mucho gusto darle la bienvenida, y le invite a empezar desde la primera entrada hasta abajo. Así la Iglesia, su origen y su doctrina serán más comprensibles.

De vez en cuando una persona demora la decisión de unirse a la Iglesia de Jesucristo, aún después de haber recibido una convicción de Dios que su santa voluntad es que reciba el bautismo y se comprometa a ser discípulo del Mesías todos los días de su vida.

¿Por qué esta demora? Lo he visto muchas veces, y considero que algunas personas temen que van a volver a su vida anterior. Creen que tienen que ser perfectos después de recibir la limpieza que acompaña el bautismo del agua y del Espíritu.

Pero se equivocan. Jesucristo pagó nuestros pecados cuando sufrió su agonía incomprensible en el Jardín de Getsemaní y en la cruz. No solo padeció por los pecados que cometemos antes del bautismo, sino que también sufrió el precio de nuestros pecados cometidos después de nuestro bautismo.

La fe en Jesucristo y el arrepentimiento de nuestros pecados siguen siendo 2 principios necesarios en nuestra vida. Si no fuera así, nadie quedaría limpio, porque en esta vida todos pecamos. Gracias a la misericordia de nuestro Dios Amoroso, él nos provee la oportunidad de limpiarnos de nuevo. Después de ejercer fe en Cristo y arrepentirnos de nuevo, en lugar de volvernos a bautizar, tomamos el pan y el agua, símbolos de su cuerpo y de su sangre.

En nuestra iglesia esto se llama la santa cena, o los sacramentos, y se reparten cada 8 días. El Salvador testificó de su importancia cuando dijo, “De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre ni bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna…” (Juan 6:53, 54)

Así que, estimado amigo, no tenga miedo de seguir adelante, y tome sobre usted el nombre de Jesucristo, a través del bautismo y membresía en su santa Iglesia. Le prometo que será la decision más gloriosa de su vida. Nos vemos la semana que entra.

domingo 18 de octubre de 2009

¿Si ya fui bautizado, necesito volver a bautizarme?


Hay dos cuestiones aquí que debemos considerar:

1) la gran mayoría de los lectores en español fueron bautizados de bebés. Ese bautismo tiene como objetivo, entre otras cosas, quitar la mancha del pecado original de nuestro padre Adán. Sin embargo, las escrituras manifiestan claramente que el propósito del bautismo es quitarle a uno sus propios pecados. Permítame compartir con usted lo que dijo el apóstol Pedro en dos ocasiónes:

“Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados.”
Hechos 2:38

Después dijo:

“Así que arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados...”
Hechos 3:19

2) Para efectuar esta sagrada ordenanza, es necesario que el administrador tenga la autoridad, o el sacerdocio.

Un bebé nace limpio. Cualquier persona que ha tomado en sus brazos a una criatura recién nacida sabe que lo que se siente es pureza. Cristo, cuando le llevaron unos niñitos, no los bautizó, sino que les dio una bendición. (Marcos 10:13-16) Es más, Jesús, refiriéndose a los niños, dijo, “de los tales es el reino de Dios.”

Los pecados vienen sobre nosotros al adquerir la sabiduría y el conocimiento suficientes para ser responsables por nuestras propias decisiones. Por esto no se le bautiza a un pequeñito en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Para el segundo punto, debemos entender que el privilegio de bautizar a alguien no consiste en buenas intenciones, ni en títulos de universidades, ni escuelas de religión. Vemos en la Biblia una ocasión en la que 12 hombres tuvieron que volverse a bautizar para poder contar con un bautismo válido a los ojos del Señor. (Véase Hechos 19:1-7)

Es precisamente por esto que Dios restauró esta autoridad para bautizar y para establecer la Iglesia al profeta José Smith. Podrá usted entender los detalles si va a las entradas del 8 de marzo del 2009.

La casa de Dios es casa de orden, y como parte de la restauración de la Iglesia de Jesucristo, Dios repuso su divina autoridad, el santo sacerdocio. Ya con este sacerdocio usted podrá recibir un bautismo válido por siervos autorizados, no importa que se haya recibido un bautismo por otra fuente.

domingo 11 de octubre de 2009

¿Por qué es necesario el bautismo?

Si está visitando el blog por primera vez, le invito a empezar desde la primera entrada en diciembre. Será mucho más fácil comprender el mormonismo empezando desde el principio. ¡Bienvenido!




Jesús le dijo a Mateo, “Sígueme.” (Mateo 9:9) Aquí en las Américas les instruyó a sus discípulos, “aquello que me habéis visto hacer, eso haréis vosotros.” (3 Nefi 27:21)

Cristo es nuestro gran ejemplar. Él fue bautizado para darnos ese ejemplo. Enseñó claramente que “el que crea y sea bautizado será salvo.” (Marcos 16:16) Otro profeta lo explicó de esta manera:

“Ahora bien, si el Cordero de Dios, que es santo, tiene necesidad de ser bautizado en el agua para cumplir con toda justicia, ¡cuánto mayor es, entonces, la necesidad que tenemos nosotros, siendo pecadores, de ser bautizados, sí, en el agua!” (2 Nefi 31:5)

Las escrituras revelan que el bautismo es para la remisión de nuestros pecados. Y como todos pecamos, todos necesitamos este hermoso jabón celestial. Algunos dudan en esta promesa, pero yo le aseguro, amigo mio, que nuestro Padre Celestial nos ama y nos limpia si sólo estamos dispuestos de aprender y hacer su voluntad.

Yo me bauticé a los 16 años, y fue una decisión que cambió mi vida totalmente. El bautismo no solo nos quita los pecados si nos arrepentimos, sino que nos abre la puerta para entrar a la Iglesia del Señor y recibir el don del Espíritu Santo. (Hechos 2:37, 38) Mi membresía en la Iglesia me ha permitido crecer espiritualmente como no me imaginaba, y me ha llevado a otras ordenanzas importantes en el reino de Dios, como la de recibir el sacerdocio y formar una familia que durará después de esta vida. Me siento tan agradecido.

Querido lector, si todavía no ha recibido el bautismo por inmersión para la remisión de sus pecados, le imploro que lo considere humildemente y que le pregunte al Padre si ésta es su voluntad.

domingo 4 de octubre de 2009

¿Por qué hablan mal de ustedes tantas personas?


El hecho de que hay personas que dedican su vida a criticar a la Iglesia siempre se me ha hecho raro. Algunos hasta se ganan la vida escribiendo libros para atacar a la Iglesia, sus doctrinas, o sus prácticas.

Me he dado cuenta que tan pronto como uno empieza a aprender de la Iglesia a través de los misioneros, alguien le dirá, “Cuidado. Ellos creen esto o el otro.” También estas personas producen a veces un libro, o un sitio en el internet, profesando ser una declaración verdadera de “lo que es en realidad la Iglesia Mormona.” Es bien curioso.

He llegado a la conclusión de que tanta crítica es una evidencia de la veracidad de esta obra. Si esta iglesia no fuera del Señor, creo yo que el Adversario la dejaría en paz. Pero él no puede porque sabe que es el Reino de Dios sobre la tierra, y que si logra destruir la fe de alguien, o si logra ponerle a uno obstáculos para que ya no la investigue, habrá ganado una gran victoria.

Jesucristo sabía esto cuando dijo, “Bienadventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.” (Mateo 5:11, 12)

Los estudios han mostrado que la mayoría de la gente tiene ideas muy equivocadas de la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Este blog tiene, como propósito, la meta de dar una explicación clara de las creencias de ella. Verá que nunca criticaré a otra iglesia, pues todas tienen hermosas verdades. Pero aquí en esta iglesia encontrará la plenitud del evangelio de Jesucristo, gracias a la gran restauración.

Otra pregunta: Si usted viviera en los días de Pedro, Pablo y Juan, y quisiera saber más de este movimiento cristiano del cual ha escuchado tanto, ¿buscaría su información de un enemigo de la Iglesia de Jesucristo, de un no-creyente, o le pediría respuestas a un discípulo del Salvador?

De igual forma, le invito a considerar la fuente de su información. Espero ser una fuente limpia en este blog, pero el blog no representa a la Iglesia formalmente. Puede usted visitar www.mormon.org para hacer preguntas o recibir materiales directamente de la Iglesia. Le prometo que su búsqueda, bien enfocada, producirá frutos eternos.

domingo 27 de septiembre de 2009

¿Qué es el Libro de Mormón?



Estimado lector:
Si ésta es su primera visita al blog, bienvenido. Puesto que es una explicación doctrinal de lo que es el mormonismo, sacará usted más provecho si empieza desde la primera entrada, escrita en diciembre del año pasado, y así leerlo en orden cronológico.


Para contestar la pregunta de lo que es el Libro de Mormón, comienzo con unos mitos del libro, comunmente creídos por los de buen corazón pero sin conocimiento.

Mito #1: El Libro de Mormón es la Biblia Mormona
Incorrecto. Son los 2 libros completamente distintos.

Mito #2: Los mormones no creen en la Santa Biblia
Incorrecto. La Biblia es la palabra de Dios, la historia de Jesucristo y sus apóstoles y profetas en el mundo antigüo. Creemos en ella, la escudriñamos, y la usamos en nuestra vida diaria. Es un testamento de Jesucristo.

Mito #3: El Libro de Mormón fue escrito por José Smith
Incorrecto. José Smith fue llamado por Dios para traducir planchas de metal, sobre las cuales fue escrita una historia de habitantes del continente americano. José no fue el autor, sino el traductor.

Ahora, quisiera compartir con usted lo que sí es el Libro de Mormón:

1) Es la historia de 3 grupos de habitantes del continente americano. El grupo principal salió de Jerusalén alrededor del año 600 antes de Jesucristo.
2) Esta historia es religiosa, política, económica y social.
3) Contiene muchas profecías de la primera venida de Jesucristo al mundo.
4) La parte de más importancia se trata de la visita del Hijo de Dios aquí a las Américas después de su resurrección. Visitó a sus “otras ovejas.” (Juan 10:14-16)
5) Contesta las preguntas más importantes que tenemos en cuanto al propósito de nuestra vida y lo que nos espera después de la muerte.
6) Es el cumplimiento de la profecía de Ezequiel 37:15-17, es el “palo de José,” que junto con “el palo de Judá” (la Biblia), forman un compañerismo inquebrantable para desmostrar el gran amor de Dios para con nosotros, sus hijos.
7) Testifica de la veracidad de la Santa Biblia; es otro testamento al mundo de que Jesús de Nazarét es el Mesías, el Salvador del mundo.

Quiero darle la oportunidad de saber por sí mismo es esto es cierto. Para que tenga su copia gratuita del Libro de Mormón, visite www.mormon.org y apúntese para que le manden su libro sin compromiso.

Estimado amigo, yo he leído el Libro de Mormón y le he preguntado a Dios si el libro es su palabra o una farsa, con la confianza que él me contestaría (1 Juan 5:14, 15). Dios me tocó el corazón con tanta fuerza y tanta paz de que ahora le puedo decir sin vacilar que yo sé que el Libro de Mormón es escritura, la palabra de Dios, acompañando la Santa Biblia para testificar al mundo que Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Me llenaría de gozo si usted llegara a saber estas cosas también. Que Dios le bendiga en su búsqueda.

domingo 20 de septiembre de 2009

¿Por qué José Smith?



Primero debo pedir disculpas por no poder escribir hace 8 días. El modem de mi computadora entregó el espíritu y hasta ahora estoy conectado.

Para muchas personas la idea de un profeta moderno suena ridículo, incomprensible. Y lo es, a menos que Dios tenga algo planeado que entregarnos. Pedro declaró poco después de la resurrección del Salvador que Cristo volvería un día a la tierra, y que antes de esa segunda venida, Dios restauraría todo lo perdido, todo lo que ha dado a los hombres desde el principio. (Hechos 3:19-21)

El Señor siempre ha utilizado a los profetas para llevar a cabo su obra entre sus hijos. Amós lo dijo muy claramente cuando declaró que “...no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas.” (Amós 3:7)

Para poner de nuevo la Iglesia de Jesucristo, la que él mismo organizó cuando vivió aquí en la tierra, y la que se perdió al ser rechazada por los hombres en los siglos I y II, el Señor utilizó este mismo modelo de siempre, o sea, llamó a un profeta.

No fue llamado José Smith porque él se sintiera muy gran líder o muy religioso, sino porque nuestro Padre Celestial tenía “una obra grande y un prodigio” (Isaías 29:13, 14) que llevar a cabo, la restauración de la iglesia de su Amado Hijo.

“Pero, ¡tan joven!” protestan algunos. Recordemos que el Señor también ha llamado a algunos hijos desde jóvenes, como a Samuel. También hay que considerar las palabras tan profundas de Jesucristo cuando dijo:

“Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.” (Mateo 9:16, 17)

De esta manera Dios pudo trabajar con un pizarrón limpio y nuevo, sin tener que borrar tradiciones y creencias falsas de las mentes de los religiosos del día. ¡Cuán sabio es nuestro Dios!

He orado fervientemente a Dios para saber si José Smith fue un profeta verdadero o falso, y el Espíritu me ha contestado una y otra vez que este joven fue instrumento en las manos de Dios para que se restaurara la Iglesia de Jesucristo. Le invito, amigo mio, a orar también, pero a orar con verdadera intención, o sea, con la firmeza y honradez de actuar de acuerdo a la inspiración recibida. Yo sé que Dios le contestará.

El domingo próximo hablaremos de uno de los frutos más grandes de este profeta.

domingo 6 de septiembre de 2009

¿Es su iglesia una iglesia protestante?




¿Es la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días una iglesia protestante? Para muchas personas hoy día su concepto de nuestra iglesia es éste: que por no ser la Iglesia Católica debe ser protestante.

Las iglesias protestantes, en su mayoría, se organizaron como protesta a las prácticas y doctrinas de la Iglesia Católica en los siglos 17-19. Los textos escolares nombran a ese período “la Reformación.” Respetamos a todas las iglesias porque todas cuentan con muchas verdades y nos ayudan a vivir vidas mejores.

Sin embargo, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no es protestante. El apóstol Pedro profetizó que antes de la segunda venida de Jesucristo, Dios restauraría todo lo perdido a la tierra de nuevo. (Hechos 3:19-21) Nuestra declaración al mundo es que nuestro Padre Celestial ha cumplido con su promesa y ha restaurado su reino y la iglesia de su Santo Hijo, con toda la autoridad (sacerdocio) ejercida por sus apóstoles originales.

Esta restauración se llevó a cabo a través de un profeta, José Smith. Dios restauró autoridad para bautizar, para otorgar el don del Espíritu Santo y para organizar de nuevo su iglesia en la tierra.

¿Protestantes? Con todo respeto, no lo somos. Consideramos que nuestra iglesia es una restauración del orden antigüo, establecido por Jesucristo cuando vivió en la tierra como ser mortal. Para más detalles podrá leer las primeras entradas del blog, empezando en diciembre del año pasado.

El domingo próximo trataremos otra pregunta en cuanto en las raíces de la iglesia. Si usted tiene una pregunta especial, mándemela por medio de un comentario en el blog. Gracias.