domingo, 13 de junio de 2010

Alfa y Omega, el Principio y el Fin


Estimados amigos y amigas:

Ésta será la última entrada de este blog. Su propósito siempre ha sido ayudar a todos a comprender mejor la doctrina de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días y a venir a Cristo.

Termino el blog tal como lo empecé: recordándonos el Jesucristo es el corazón y el enfoque central de la Iglesia Mormona. Para los que acaban de descubrir el blog, les invito a leerlo desde su principio: diciembre de 2008. Así podrán ver las creencias de esta iglesia punto por punto, y su estudio tendrá más sentido.

De vez en cuando estaré viendo el blog por si quieren hacerme alguna pregunta o mandarme un comentario. Todos son bien recibidos.

Amo a Jesucristo y sé que mi Redentor vive. Él y su Padre han restaurado la plenitud de su evangelio y de su Iglesia a través de un profeta moderno, José Smith. Esta Iglesia no sólo nos provee la doctrina pura de Cristo, sino que en ella podemos recibir las ordenanzas, como el bautismo, efectuadas por siervos autorizados de Dios. La Iglesia ha sido una fuente de gran gozo en mi vida y en la de mi familia, y gracias a ella me he podido acercar a mi Padre Celestial y al Hijo como nunca me habría podido imaginar.

Estoy convencido que Jesucristo regresará a la tierra algún día. Que Dios nos bendiga a todos con sabiduría, fe, y fidelidad suficientes para estar preparados para recibirle.

domingo, 6 de junio de 2010

Reconciliados con Dios

Hace 15 días se mencionó que Jesucristo venció dos muertes al reconciliarnos con nuestro Padre Celestial. Al resucitar, ganó la victoria sobre la muerte física, como explicamos la semana pasada. Ahora todos, buenos y malos, resucitaremos, gracias al Salvador.



Ahora nos toca hablar de la otra muerte, o sea, la muerte espiritual. Ésta es la separación de Dios y del hombre. Sufriremos esta muerte si nuestro gran Juez, Jesucristo, decide que no podemos regresar a la presencia de su Padre en el juicio final.

La caida de Adán y Eva introdujo la muerte espiritual al mundo, ya que conocieron el bien y el mal. Entonces entró el pecado al mundo. Santiago explica esto en la Biblia cuando dice, “El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace.” (Santiago 4:17)

Como todos pecamos (1 Juan 1:8), quedamos manchados e indignos de regresar a la divina presencia. Por eso nuestro Padre escogió a Jesucristo desde antes de la creación de la tierra (1 Pedro 1:19, 20) para pagar nuestros pecados.

Cristo sufrió por estos pecados en el jardín de Getsemaní y en la cruz. Padeció de una manera que usted y yo no podemos comprender, pues tuvo que tomar sobre sí los pecados, aflicciones y enfermedades (Isaías 53) de todos los que han vivido desde la creación hasta los últimos que aún no han nacido.

Pero la muerte espiritual sólo se puede vencer si nos arrepentimos de nuestros pecados. Jesús ya hizo su parte y ahora nos toca a nosotros hacer la nuestra. Por esto Juan el Revelador dijo que vio “a los muertos, grandes y pequeños, de pie delante de Dios; ... Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” (Apocalípsis 20:12)

Adoramos a Dios, el Padre, y a su Hijo Unigénito, Jesucristo. Cristo es el Salvador en todo sentido, habiendo vencido las dos muertes. Ahora, por medio de su gracia y su misericordia, extendidas a nosotros con tanto amor, podemos regresar a la presencia de ellos para morar allí por todas las eternidades.